Denuncian explotación laboral en la construcción de estadios para el MundialEl Fondo de Población de las Naciones Unidas ubica a Qatar en el grupo de los países con un “muy alto” nivel de desarrollo humano. La organización Amnistía Internacional denuncia “explotación despiadada” a los trabajadores migrantes. Mientras que el primer aspecto del país árabe es conocido y admirado, el seguro es menos famoso y más acuciante. Son las dos caras del progreso.El impresionante crecimiento del emirato requiere de mano de obra y la mayoría de los trabajadores dispuestos a hacer las tareas más pesadas son extranjeros. Según Amnistía (AI), los trabajadores migrantes -1,35 millones de personas de India, Pakistán, Bangladesh y otros países del sudeste asiático- son el 94% de la fuerza laboral del país.La cifra tiende a ampliarse en vistas a la construcción de los estadios e infraestructura para el mundial de fútbol de 2022, obras en las que el gobierno del Golfo espera invertir unos US$ 117,5 mil millones. Es en el marco de estos proyectos multimillonarios –que generalmente tienen como último impulsor al gobierno- que se registran abusos propios de la esclavitud.Por ejemplo, los empleados nepalíes de una empresa que suministra materiales para un proyecto de construcción para el mundial denunciaron que “los trataban como ganado”. Laboran hasta 12 horas diarias los siete días de la semana, lo mismo en invierno que en verano. AI incluso presenció a un gerente de una constructora referirse a su personal como “los animales”.La condición en que numerosos trabajadores migrantes viven en Doha los hace, lastimosamente, merecedores de ese apelativo. Muchos de ellos están expuestos a aguas residuales desbordadas o a fosas sépticas al descubierto, sin acceso a agua corriente o sin luz eléctrica. A pesar de que en verano las temperaturas llegan a los 40º, la mayoría vive hacinada y sin aire acondicionado.Las condiciones de seguridad en el trabajo también son inestables, pues obreros de la construcción aseguraron que no les dan cascos. Un dato que hace a la cuestión fue el proporcionado por un representante del principal hospital de Doha, que afirmó que en 2012 más de mil personas fueron ingresadas en la unidad de traumatismos por haber sufrido una caída en el trabajo. De estos, el 10% quedó discapacitado, y el índice de mortalidad era “significativo”.El acceso a la salud es otra de las grandes formas de esta esclavitud contemporánea: el 56% de los trabajadores de bajos ingresos no tienen el carné gubernamental, necesario para ser atendido en los hospitales públicos. A esto se le suma que el 20% tiene un salario inferior al que le habían prometido y que el 21% “a veces, raramente o nunca” obtiene su sueldo a tiempo.Esto se ve también en trabajadores de diverso tipo, como las empleadas domésticas. Valga de ejemplo el caso de Grace (nombre ficticio), africana de 20 años que en agosto llegó a Qatar para trabajar con una familia europea. Antes de dejar su país, le habían prometido un salario mensual de US$ 220 y días libres todos los meses. Cuando llegó a su destino, los empleadores le dijeron que ganaría US$ 200 y que no tendría días libres. Desde ese momento y hasta marzo de 2013 había salido solo dos veces de la casa para ir a la iglesia y había recibido tres sueldos en lugar de ocho.Ante esta situación, Grace le dijo a sus contratistas que quería renunciar, pero estos le dijeron que solo se lo permitirían si ella pagaba una multa de US$ 700, algo imposible. Y cuando la empleada insistía en marcharse, los patrones la amenazaban con la violencia física.Aquí hay otro punto destacado por los investigadores de AI, que entrevistaron a 210 trabajadores, 22 empresarios y se reunieron 14 veces con responsables del gobierno: la violencia física. “Después de que dije que quería irme, mi empleador me dijo: ‘Te mataré si te quieres ir de mi casa’. Luego, cuando otras veces dije que quería irme porque la señora me gritaba o me pegaba, ella me decía ‘si quieres dejar mi casa, te haré trabajar diez meses sin salario”, contó una empleada doméstica filipinas.Otra de las estrategias usadas por los patrones para mantener atados a sus trabajadores es la retención de pasaportes, lo que les impide huir del país en caso de que lo encuentren necesario. De acuerdo con la investigación, el 90% de estos trabajadores migrantes no tienen sus pasaportes consigo, sino que los poseen sus empleadores.El equipo de activistas incluso presenció cómo 11 hombres firmaban ante miembros del gobierno unos documentos donde confirmaban que habían recibido sus salarios. Aunque era mentira, les permitió recuperar su pasaporte y abandonar Qatar. Un claro chantaje.Así, varios del 1.350.000 trabajadores migrantes que preparan los grandes estadios de Qatar viven con miedo a perderlo todo, amenazados con la imposición de multas, la expulsión o la pérdida de su salario. Todas son situaciones que en el derecho internacional son definidas como “trabajo forzoso”.En este clima no fue raro encontrar migrantes deprimidos, con trastornos psicológicos o al borde del suicidio. “Por favor, díganme: ¿hay alguna forma de salir de aquí? (…) Nos estamos volviendo completamente locos,” dijo un nepalí, que se desarrollaba en la construcción y llevaba siete meses sin cobrar y sin poder irse del país.Además de los empresarios, el gobierno es el más señalado por la organización, pues es el responsable de hacer que las leyes se cumplan. Así, AI reclama que Doha “haga cumplir las obligaciones laborales establecidas en la ley, que numerosos empleadores infringen de forma habitual” y pide que se revise el sistema de “patrocinio”, según el cual los migrantes no pueden abandonar el país ni cambiar de trabajo sin el permiso de sus empleadores.Asimismo, los activistas lanzaron una exhortación a la FIFA, responsable de todo lo relativo al mundial de fútbol, para el que se están apurando las construcciones. “Los resultados de nuestra investigación apuntan a un nivel alarmante de explotación en el sector de la construcción de Qatar. La FIFA tiene el deber de transmitir un firme mensaje público de que no tolerará abusos contra los derechos humanos en proyectos de construcción relacionados con el Mundial de Fútbol”, manifestó Salil Shetty, secretario general de AI.Empero el Mundial, actualmente uno de los responsables de la presente situación, puede ser una ruta hacia la esperanza de los trabajadores. De aquí a 2022, el mundo seguirá atento a lo que sucede en ese emirato de cara a la Copa del Mundo. Entonces, con más ojos sobre sí, y según las palabras de Shetty, “el gobierno tiene una oportunidad única de demostrar en la esfera internacional que está seriamente comprometido con los derechos humanos y que puede servir de modelo para el resto de la región”.
El lado oscuro de Qatar
21/Nov/2013
El Observador